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Ética y Conducta Profesional

Hoy día, “Currículum Vitae” es una expresión que ya no indica el curso que ha tomado nuestra vida según lo logrado por nuestro ser y nuestro quehacer, sino que se ha visto reducida a la comunicación de lo que hemos hecho en nuestra profesión, a lo largo de nuestra carrera profesional, con un mero registro cronológico de habilidades, aprendizajes y puestos desempeñados.

Un currículum, hoy, sólo presenta lo que hemos hecho para atender unas necesidades de trabajo, bajo un régimen laboral determinado y con un criterio impersonal, incluso despersonalizador, de una eficiencia pragmática.

Sin embargo, en el trabajo hay algo que subyace al pragmatismo, y que es mucho más importante que la eficiencia. De hecho, es considerado el factor que la hace posible, al ser un factor, de carácter ético, que constituye la razón de una genuina eficiencia en el quehacer de profesiones y oficios y, prácticamente, en nuestra vida cotidiana completa.

La palabra “profesar” significa “declarar o enseñar en público”, siendo profesor el que “hace profesión de algo, o declara una convicción”. El que es un profesional renuncia a sus intereses personales, poniéndose al servicio de los intereses de su profesión y cuyo fundamento ético siempre impide tomar al hombre como un medio, sino como un fin en sí mismo (Kant, en su “Metafísica de las Costumbres“).

Los requerimientos pragmáticos de eficiencia usan a las personas como medios para conseguir beneficios o utilidades; en cambio, la exigencia ética de la eficiencia, generada por el sentido ético del trabajo, toma al hombre respetándolo como un fin en sí mismo, y a su labor como algo digno del mismo respeto que lo humano.

EL trabajo, con este punto de vista, tiene un sentido ético porque puede hacerse bien o mal; el sentido ético de la vida es posible porque puede vivirse bien o mal. Yo creo en ello.

No perdiendo de vista el significado de profesar, o ser profesional, entenderemos mejor qué quiere decir Ética Profesional, en cuanto que se trata de la fuerza moral en la que se apoya lo que profesamos, nuestra profesión. Estamos hablando del fundamento ético de nuestro quehacer, primero, públicamente declarado y, segundo, públicamente reconocido. En ocasiones, cuando faltamos a la ética, públicamente retirado, en cuanto que se nos puede reconocer una falta al compromiso ético en caso de violáción a la conducta profesional.

Estrictamente hablando, ética es una disciplina filosófica que tiene por objeto el estudio del comportamiento moral de los hombres y mujeres, incluyendo desde la conciencia moral hasta nuestros juicios y valores morales, pasando por un examen cuidadoso de lo que significa libertad y responsabilidad del acto moral.

Sin embargo, el término ética puede emplearse tan libremente que las confusiones se vuelven inevitables. Si se habla, por ejemplo, de ética de los negocios, parece que estamos promulgando hacer buenos negocios sin ser muy malos. Por un lado se crea la idea de que existe la ética de todo lo que queramos. y, por otro, que la naturaleza de los negocios, como de cualquier otra cosa, está ligada necesariamente a la falta de ética.

Tampoco podemos suponer  que todo negocio es inmoral, ni creer que con unas pocas normas o recomendaciones se puede enseñar a evitar la maldad en el seno de las organizaciones, empresariales o sociales.

Se puede ser honesto y ético, y al mismo tiempo obtener utilidades. Sin embargo, no vale con buenos deseos y normal morales para que cualquiera sepamos, en cualquier circunstancia, qué hacer para obrar moralmente bien.

LA “ÉTICA PROFESIONAL”.

Todos nos dedicamos a un oficio, profesión o quehacer diario. Es importante, entonces, que podamos entender bien en qué sentido preciso nuestro quehacer puede ser, efectivamente, ético o puede dejar de serlo.

Desde mi punto de vista, la ética profesional no depende directamente de ciertas normas o códigos. No trata sencillamente de ponernos en el dilema de cumplir o no determinadas reglas morales. Eso sucede naturalemente. Vivir es elegir, no hay salida. Y elegir es la condena de tener que decidir, porque somos libres para hacerlo.

El comportamiento moral, y por tanto la ética, pesonal o profesional, es por esencia libre, consciente y responsable de las consecuencias, independientemente de las buenas intenciones. Los códigos morales sólo orientan nuestras decisiones, que son las que, después de haber sido tomadas, sufrirán nuestra aprobación y la ajena, o nuestro rechazo y el de los demás.

Pareciera que fuera sufciente con hacer lo que ellos mandan o dictan para estar con la conciencia tranquila, pero no. La conciencia moral nunca está tranquila frente a los conflictos morales que nos ofrece siempre el repertorio de nuestras posibilidades vitales, nuestras opciones o elecciones.

La ética, en el sentido profesional, tiene que ver íntimamente con nosotros, está directamente vinculada con la calidad moral de nuestro trabajo.

Está implicada en el modo de llevar a cabo nuestro quehacer, e implica entrega vocacional, responsabilidad, honestidad intelectual y práctica, y respeto. Es, fundamentalmente, un compromiso con lo que hacemos.

Estrictamente hablando, una falla profesional, una falla de ética profesional, es algo muy grave, porque en realidad no están permitidas infidelidades o violaciones: el que las comete, deja de ser profesional; simple y radicalmente, ya no lo es más. La ética del trabajo nos obliga a desear sólo que quede bien hecho lo que se hace.

La responsabilidad profesional nos obliga a hacer nuestro trabajo como siempre, de una manera tan bien hecha como la tenemos que hacer en cualquier ocasión, pase lo que pase. La ética sigue a rajatabla la expresión “la función tiene que continuar”.

Entonces, y en pocas palabras, la expresión “ética del trabajo” significa, para cualquier forma de praxis, un compromiso ineludible con nosotros mismos de hacer bien las cosas, un compromiso que no se puede dejar de cumplir porque tiene que ver con un compromiso con nuestro propio ser, que no hace más o nos hace menos, nos empeora o nos hace mejores y nos enriquece o nos empobrece en nuestra propia naturaleza. Es un principio que no se puede violar, una lealtad que no se puede abandonar, que no se puede defraudar.

No se puede, por razones éicas, hacer mal lo que se hace. Pero, dentro de lo que se puede hacer bien, hay un espacio de posibilidades de hacerlo bien. Esto indica que no tenemos siquiera razón para violar el compromiso ético, y que siempre completará el sentido de nuestras acciones o decisiones.

SER SOCIAL Y PROFESIONALMENTE ÉTICO.

Hacer bien las cosas tiene que ver con vivir bien mi vida. Si actúo con la ética del trabajo, es que he logrado integrar mi quehacer con mi propia vida y, por tanto, con la de los demás, en unprofundo y natural sentido comunitario.

La ética profesional tiene que ver con todo mi ser, de noche y de día. Todos sabemos eso, aunque no hayamos reflexionado mucho sobre el asunto, o no queramos reconocerlo por aparecer constantes violaciones a sus códigos.

Hablamos de un compromiso con nuestro trabajo que adquirimos porque nació como una lealtad con nuestro llamado vocacional o, en cualquier caso, elegido voluntariamente. La ética profesional se llama precisamente así porque es el fundamento ético de lo que profesionalmente hago, y de lo que soy en el desarrollo de una determinada forma de vida que llevo o he elegido.

Sin ética en el trabajo o ética profesional, lo que hacemos a diario queda reducido a un modo de obtener dinero, una ñapa, pero no tenemos propiamente un trabajo. No trabajaríamos de verdad. En condiciones normales de existencia, el trabajo no busca primariamente el sueldo, la ganancia o la remuneración, sino la necesidad de cumplir con ese compromiso con nosotros mismos para hacer algo que nos permita ser.

La vida nos da mucho quehacer. Es mucha nuestra insuficiencia. Si uno falla un poco moralmente, en cierto modo dejamos de ser un poco lo que somos. Si fallamos en los términos de la ética profesional, en cierto modo dejamos de ser lo que éramos, como si fuéramos menos.

La ética profesional, como nuestros otros actos morales, nos hace honorables. Y nadie, con salud mental suficiente, puede soportar dejar de ser lo que es.

Cuando hay ética profesional, hay responsabilidad profesional. La responsabilidad es la imposibilidad de apelar a un pretexto, por bueno que pudiera ser, para justificar el hecho de que no hicimos lo que vital y profesionalmente teníamos que hacer.

La ética del trabajo y la ética profesional, son lo único que tiene que ver cabalmente con la calidad del producto de nuestro quehacer. Ya sabemos que si algo hacemos mal, vamos contra nosotros mismos. En nuestros cabales, no hay posibilidad de engañarnos a nosotros mismos. La ética profesional nos permite vivir la experiencia del desinterés: cumplimos por el interés de estar bien con nosotros mismos. Pero, en una especie de recompensa bien ganada, ese interés nos da la posibilidad de ser desinteresados con los demás.

La ética del trabajo y la profesional son, en suma, un medio para estar bien con uno mismo, que hace posible que uno quiera hacer las cosas bien sin ninguna otra razón y, sobre todo, sin segundas intenciones: no para que nos aplaudan, nos halaguen o nos paguen más. Esas cosas, si las anteponemos a nuestro quehacer, lo falsean. Y, entonces, vendría la degradación ética y profesional de nuestro trabajo, que nuestros colegas y nosotroas mismos debemos censurar.

La vida es cambio, y cambia mucho. Pero la satisfacción de hacer bien lo que uno hace, siempre se convertirá en una permanente fuerza interior, propia, para vivir y tolerar las dificultades de la vida. Nos proporciona la sensibilidad, paz y tranquilidad para disfrutar de lo que somos y hacemos, de lo bueno de la vida. Está presente siempre y nos sostiene en lo que somos.

No hay que perder de vista que la ética del trabajo y la profesional tienen una vinculación directa con la educación moral del ser humano: es preciso aprender que hay cosas que están bien y cosas que están mal. Es necesario advertir que no todo vale, y estar convencidos de que hay cosas que no se debe hacer.

Quiero dejar claro, en este punto, que es muy importante distinguir entre ser profesional y tener una profesión. La diferencia la establecen, como he comentado, las diferentes formas de compromiso del trabajador.

Tener una profesión es mantener un compromiso con un determinado saber teórico y práctico, y con los demás. Este compromiso con los demás es manifiestamente de carácter social, y se puede cumplir con el servicio social que ofrece la profesión.

Ser profesional, en cambio, es algo que no sólo tiene que ver con habilidades o conocimientos y estudios realizados, sino también con una peculiar forma de responsabilidad: ser profesional en la realización de un trabajo significa que uno es capaz de mantener un compromiso más fuerte y firme con lo que hace, con la manera en que lo hace, que con cualquier otra cosa.

En este compromiso toma cuerpo el sentido ético del trabajo. La ética del trabajo, de cualquier forma de quehacer, consiste simple y llanamente en hacer bien lo que se hace.

Algunas personas piensan que la responsabilidad profesional y social se relaciona con la ética, y esto es sólo parcialmente correcto. En cualquier caso, lo importante es leer y comprender los conceptos que desgloso a continuación, muchos de ellos basados en creencias personales confirmadas a lo largo de mi experiencia profesional.

No debemos memorizar la información, sólo ser honestos con nosotros mismos, entenderla e interiorizarla. En seguida comprenderemos si, estando de acuerdo, nuestros valores y creencias se afianzan o se ponen en tela de juicio ante la realidad. Las cuestiones éticas y de conducta profesional, suelen probar a las personas a un nivel sofisticado, poniendo en jaque los principios en que nos basamos habitualmente.

En el código de ética y responsabilidad social en que yo procuro basar mis actos, el promulgado por el PMI© (Project Management Institute – www.pmi.com) estadounidense, la conducta profesional y ética está dividida en cuatro categorías: RESPONSABILIDAD, RESPETO, EQUIDAD y HONESTIDAD, y a ellas me voy a dedicar. Hay muchos otros aspectos particulares, no contemplados explícitamente en el código, que pueden ayudarnos también a ser más éticos, pero no los trataré aquí.

Sí adjunto un link específico al Código de Ética y Conducta Profesional elaborado para la asociación a la que pertenezco, APGP (www.apgp.es) y que amplia grandemente el código profesional que trato en estos párrafos. Participé en su elaboración y espero ayude a completar los conocimientos adquiridos tras leer estas líneas.

En la vida real, muchas de las cuestiones éticas que trataremos aquí están subyacentes bajo los problemas y cuestiones a las que cotidianamente nos enfrentamos.

Todas las decisiones que tomamos profesionalmente, que causen, a sabiendas, incrementos de coste o de tiempo no reflejados o evitados, serán poco éticas. Lo que es claro, y que constituye la base de la conducta profesional ética, es que debemos entender, comprender y dominar aquello a lo que nos dedicamos, o sobre lo que vamos a decidir.

La responsabilidad profesional REQUIERE que tengamos la autoridad necesaria para decidir o dirigir nuestros caminos, y que seamos capaces de manejar los problemas por adelantado, abandonando las actitudes de “ver qué pasa”.

Centraré el contenido de esta sección en la labor profesional del Responsable de Operaciones y/o de Proyectos que, al fin y al cabo es al que yo me dedico. Desde ese punto de vista, tendremos la obligación ética de llevar a cabo nuestras responsabilidades de forma correcta, puesto que en ello van los intereses de nuestros proyectos y los de la Organización. Nos requeriremos hacer lo correcto, y manifestarnos a favor de los procesos correctos para hacerlo.

Destaco la importancia de nuestra actitud al respecto de nuestras obligaciones, profesionales o personales, sin la que no podríamos tener la firmeza y control que demandaremos para la correcta actuación en todos los ámbitos. Debemos ser firmes y tener el control de aquello de lo que somos responsables máximos, y mantener esa actitud como estandarte de nuestras creencias éticas y de conducta social.

Nos encontramos diariamente con cientos de situaciones, casos, cuestiones, etc. de los que no nos daremos cuenta siquiera que se desenvuelven en el ámbito ético. La mayoría de las personas no caen en la cuenta. Debemos asegurarnos de entender bien la situación, el contexto o antecedentes, los interesados o afectados y el objetivo, y apliquemos los principios que, humildemente, pretendo resaltar en estas líneas y que, tantas veces, me han demostrado que también podemos desarrollarnos y crecer en “hacer lo correcto a la primera, y estar orgullosos de saberlo así”.

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