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Inteligencia Emocional fácil

Los cerebros masculino y femenino en conflicto.

¿Alguna vez le ha dicho una compañera que no la entiende? ¿Actúo igual que mi compañera a la hora de gestionar un conflicto? ¿Por qué?

En los centros del cerebro relacionados con el lenguaje y el oído, las mujeres tienen un 11% más de neuronas que los hombres. Empezamos con un dato arrollador, no?

Los hombres, sin embargo, tienen dos veces y media más espacio cerebral dedicado al impulso sexual, igual que centros cerebrales más desarrollados para la acción y la agresividad.

Los pensamientos sexuales aparecen en el cerebro masculino muchas veces por día, mientras que en el de la mujer sólo algunas, y con más intensidad en sus días menstruales.

Un estudio exploró los cerevros de hombres y mujeres en situaciones neutras de simple conversación, observando que las áreas sexuales de los cerebros masculinos chispeaban, mientras las de los cerebros femeninos no tuvieron ninguna actividad.

Los hombres tienen procesadores mayores en el núcleo del área más primitiva del cerebro, la amígdala, que registra el estado de alerta, el miedo y la agresión. Esta es la razón por la que algunos hombres puedne pasar de cero a una lucha sin cuartel en cuestión de segundos. Sin embargo, las mujeres intentarán evitar el conflicto, aunque el estrés psicológico del conflicto se registra más profundamente en las zonas del cerebro femenino.

Otra importante diferencia entre los cerebros masculino y femenino, la tenemos en cómo procesan el enfado.

Aún cuando ambos declaran sentir la misma carga de ira, la manera de expresarla y de agredir es más evidente en los varones.

La amígdala, centro cerebral del miedo, agresividad y estado de alerta, es mayor en los hombres; en cambio, el centro de control de las mismas situaciones, el córtex prefrontal, es mayor en las mujeres. La amígdala varonil tiene muchos receptores de testosterona que estimulan y elevan su respuesta a la ira.

Muchas mujeres que empiezan a tomar testosterona, se dan cuenta de que sus reacciones airadas se vuelven más rápidas.

Los hombres, a medida que envejecen, disminuyen su testosterona, dándose cuenta de que sus reacciones se tranquilizan, la amígdala se vuelve menos reactiva, el córtex prefrontal gana más control y no se enfurecen con tanta celeridad.

El hipocampo, donde los recuerdos se forman inicialmente, ocupa un porcentaje más pequeño del cerebro masculino que del cerebro femenino, por loq ue las mujeres, en general, se olvidan más tarde de los conflictos. Para los hombres es más fácil pasar de página.

La base del accionar femenino está determinado por el sentirse necesitada, dada la gran cantidad de estrógenos que segregan. Lo masculino está determinado por la necesidad de admiracion. Por ésto, sus objetivos son diferentes, normalmente económicos o sexuales.

Lo masculino valora más los resultados, lo femenino el proceso. Esta diferencia genera conflictos cotidianos, sobre todo porque los hombres no nos damos cuenta ni tanta importancia a los procesos emocionales.

Lo masculino es monofocal, lo femenino multifocal. Los hombres tienen más facilidad para concentrarse en una sóla cosa. Las mujeres pueden enfocarse en varias. El cuerpo calloso que separa ambas partes del cerebro es más gruesa en las mujeres pero, sin embargo, muchísimo más interconectadas ambas partes.

En general, lo femenino resuleve los conflictos hablando, lo masculino en silencio. La mujer necesita hablar para resolver los conflictos, pues necesita transmitir los procesos por los que está pasando, pues así va ordenando su mente y viendo posibles soluciones. Lo masculino, en cambio, habla cuando tiene los conflictos resueltos, contando, ya sea el éxito o el fracaso, cuando la cosa está terminada.

Esto tiene importancia en la comunicacion de la pareja, ya que por regla general, la mujer siente que, al no poder hablarnos a los hombres de lo que le preocupa, no es necesaria, lo que la frustra profundamente.

En cuanto al enfado y la tristeza, lo femenino está entrenado para entristecerse y lo masculino para enfadarse, por lo que habremos de empezar a entender estas reacciones como normales.

Otra diferencia significativa se da en el manejo de los tiempos de ocio, o tiempos propios. Es más fácil para los hombres fabricarnos nuestros tiempos de ocio que para las mujeres. A ellas les cuesta mucho darse tiempo de beneficio exclusivo propio.

Cuando están mal, las mujeres necesitan estar acompañadas, en cambio el hombre busca estar sólo. Por eso los hombres tendemos a dejar solas a las mujeres cuando las vemos mal, pensando que ellas funcionan como nosotros. Realmente, es todo al contrario.

Cuando una mujer dice tener pena o tristeza, la primera pregunta del hombre suele ser buscar la causa: “¿Por qué?”, lo que obliga a dar una razón que convenza al hombre de que debe actuar. Es muy difícil racionalizar un sentimiento. Si da una razón, el hombre tenderá a buscarle una solución rápida, probablemente consiguiendo que:

  • o bien la conversación pase a discusion, debido a que para la mujer el hombre no le entiende o escucha.
  • o bien que el tema se desvíe a la gestión de la solución aportada por el hombre, dejando de lado el verdadero estado y necesidad de la mujer.

Hemos de ser más cuidadosos con todo este tipo de diferencias y saber gestionarlas. En buena medida, nos salvarán de más de un conflicto.

 

(basado en documentación a cargo de Eduardo Troncoso Mosquera – Logroño – www.etroncoso.com)
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